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Sr/a Mascota:



Sabemos de tu necesidad de vivir en la ciudad, de tu amplia capacidad de adaptarte a las más ridículas acciones a las que tu dueño te somete… también sabemos que hasta has podido sobrevivir a una sociedad totalmente distinta en la que te hacen creer que vives, por eso, para ti este apartado.
Te cuidan mejor que un niño. Te bañan y te perfuman mejor que a cualquiera, te traen y llevan en auto con la ventanilla abierta, así puedes esparcir saliva al que viene atrás. También sales de paseo al parque. Vives en alfombras, casitas lujosas o lujuriosos departamentos. Sufres muchas veces el encierro en el noveno nivel de un edificio sin salida de emergencia. Te llevan a cada tanto al pet shop, a veces vienes con rulos o lacio, otras veces esquilado sin piedad dejando tu delicada piel al aire libre adornado solamente por un moñito atado a una de tus orejas…
¿A quién no le gustaría tener una mascota? Pero la mascota en la ciudad no es como tenerla en un patio, en el campo. A veces el encierro en un departamento lo tiene muy ofuscado. Otras, el paseo por el parque lo deja hasta sin ganas. Lo cierto y concreto es que muchos propietarios de mascotas no tienen las mínimas precauciones a la hora de elegir una.
Hay muchísimas personas que las tratan muy bien y las cuida en demasía; pero hay muchísmas otras que, imitando “vai vai” culturas foráneas crean en la ciudad un verdadero caos.
Las aceras del microcentro de la ciudad va convirtiéndose en mingitorios y sanitarios de los señores y señoritas “dogs” cuyos dueños sacan a “pasearlos” sin la más mínima precaución. Las mascotas no tienen collar identificatorio, no llevan consigo una correa y como si todo fuera poco, dejan sus desperdicios esparcidos a diestra y siniestra perfumando la ciudad.
Otras mascotas mas “fashion” pasean por las plazas, inclusive en aquellas enrejadas y a cuya entrada prohíbe terminantemente el acceso a las mascotas, pero éstas se empeñan en llevar a sus dueños a hacer conocer las plazas céntricas. Los dueños están en su derecho, ¿no?
Lo cierto y concreto es que con esta pequeñez, con la que lidiamos cotidianamente los transeúntes y frecuentadores de plazas céntricas, notamos que las personas no tienen la más mínima intención de cumplir las normas de urbanidad y convivencia mínima que se requiere en una sociedad más o menos democrática y respetable. Y “way” de alguien si se “atreve” a llamarles la atención, las mascotas son las más ofuscadas en la situación en cuestión.
Cuando de cumplir con deberes, derechos y exigir obligaciones el paraguayo es un experto en tergiversarla y acomodarla a su gusto y paladar. El seguridad de los parques hasta conviven con este tipos de personas para evitarse un “akârasy” de diosa y pantera que pueden llegar a darles, no las personas que reclaman lo que está fuera de lugar, sino de aquellas que son verdaderas transgresoras de la ley e inadaptados sociales.
El paraguayo copia culturas foráneas con mucha facilidad. Se le pega la onda yankee, la chicana, la curepa y hasta la rapai… pero a la hora de copiar algo, lo hacemos de la peor manera. Fíjense alrededor y vean todo lo que hay y como está.
Por eso este mínimo detalle, la de las mascotas, que en otras latitudes se vienen con collar, sin riesgo de ataque al que pasa, que viene con bolsa de “popó” para juntar los vestigios de su andar, que viene a sitios especiales para paseo de mascotas y no están de “tour” por todas las calles de la ciudad molestando al vecino con una “fiesta canina” o un concierto de maullada felina en los techos de los hogares que, en algún momento debería estar tranquila para que los habitantes de la ciudad “descansen en paz”
Si en estos pequeños detalles de la vida cotidiana de las personas no somos capaces de observar y respetar la ley, imagínense en el resto de las cosas “importantes” como actuaríamos y por qué no decirlo en presente, “como actuamos”
El país oiko iñakäre karetillaicha (anda “por su cabeza como carretilla”) desde el último paraguayito pÿsatronco hasta el número uno, nadie cumple las leyes… todos hacen lo que les place. Es por eso que muchos añoran y esperan con ansias el regreso de la dictadura, que era la única fuerza capaz de poner “orden” en el país y el cotidiano andar de la gente.
¿Será esto un indicio más de nuestra mala memoria o simplemente la actitud tácita de quienes desean actuar al margen de la democracia, sin cumplir las leyes? “Manteka ko imátare mante opu´ä vaerä”, decía mi abuela al tiempo de referirse a las actitudes que tomamos y denunciamos pero de las que no somos capaces de asumir la responsabilidad. La frase de “juntémonos y vayan” ya no tiene cabida en ningún sitio, la realidad se ha encargado de demostrarnos que se avanza con éxito cuando somos capaces de asumir riesgos, respetar y cumplir las leyes y por sobre todo, trabajando por un país mejor y más honesto, cualidad que hace rato nos hemos olvidado.
Se habla de más de veinte años de “transición democrática” en Paraguay y vamos por el cuarto año del “cambio” pero aún no vemos resultados favorables a nivel general. Es hora de dejar el libertinaje y hacer uso de nuestra libertad, cumpliendo derechos y obligaciones. ¿Seremos capaces?

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ