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¿A dónde vamos?



Cuantas veces nos hemos la misma pregunta. Resulta que la famosa frase de nuestros abuelos “ivaipáma la ñande mundo” cada vez se hace más certera y se concreta la idea que desea expresar la máxima.
Se habla del calentamiento global, que tiene directa incidencia sobre nuestras vidas. El cambio climático no es una ilusión ni una figura apocalíptica, mucho menos. Es real y nadie se preocupa por cuidar su ambiente. En el interior se puede apreciar más el cuidado que hacen los campesinos a la naturaleza. No vemos basuras a la vera del camino, tampoco las queman sino que las aprovechan al máximo. Muy por el contrario, las grandes urbes, como lo es el microcentro de Asunción, está convertido en un basural.
Tenemos bajo nuestras narices también los adelantos tecnológicos, que si bien no utilizan energía contaminante, no tenemos la más pálida idea de cómo reciclar las baterías de nuestros aparatos celulares o simplemente la tiramos en la basura. Bien sabemos que en Paraguay la división de los residuos aún es una utopía y el trabajo de los famosos “recicladores” convierte en un caos total las bolsas de residuos en cada esquina.
Hay poca lluvia en el campo y más en la ciudad. “Ocrecéhagua mba´yru´i” decía mi abuelo cuando veía que llovía hacia Asunción y no hacia sus campos. Hace frío en enero y calor en julio, ¿loco no?.
Otro de los aspectos que siempre se tiene en cuenta en el interior del país es el respeto por las personas y sus pertenencias. De un tiempo a esta parte la honradez ya no forma parte preponderante de nuestra lista de virtudes. El tentar la mano del diablo para conseguir más rápido un artículo parece haber tomado todas nuestras intenciones. Lo fácil y rápido parece ser nuestra prioridad. Si no, miren como las personas nos endeudamos por millones y millones para comprarnos una computadora, un aparato celular o un TV plasma y nuestra casa es una pocilga, nuestras prioridades están atravesadas.
La nota más alta a la que aspiramos es un 2 (en escala de 1-5) donde para los jóvenes es un “gran logro” y es nota que los padres deben “agradecer” porque han pasado, a costa de fotocopias, copy+paste de internet, lista de temas de exámenes, materias irrelevantes, profesores desactualizados y haraganes, evaluación paupérrima y… y…
Coimear (sobornar) a una “autoridad” es una costumbre y tradición. La burocracia en todas las instituciones propician este tipo de actividades muy común en el país y todos saben de su existencia y mecanismo de funcionamiento. Desde las coimas en las rutas hasta en las oficinas públicas para conseguir tal o cual chapa para el vehículo.
La justicia es “moderna y eficaz” para muchos, pero injusta para otros. Nadie se pregunta el porqué del hacinamiento en la cárcel de Tacumbu, menos hay, dignatarios en verificar los casos pues estamos en otras, por lo visto.
El campesino de hace un tiempo atrás, trabajaba su campo, producía frutas y verduras para su consumo y para la venta. Hoy día, gracias a los instigadores y mentiras de los dirigentes, se pasan en las calles, protestando contra la injusticia existente. En otros casos sentados, haraganeando “ikokuéakâme” esperando que el gobierno solucione sus problemas o ingresando ilegalmente a fincas que no son suyas, pero que “consideran” que son mal habidas o de latifundistas. ¿Acaso ya nadie trabaja en el campo? Cuáles son los productos naturales que los campesinos nos ofrecen? ¿Con qué frecuencia? ¿Cuáles son los mecanismos de interrelación que utilizan para comunicarse con los consumidores?
Las interrogantes pueden ser infinitas con respuestas nefastas. Las empresas de comunicación en holding nos demuestra que repitiendo una y otra vez la violencia entre los más pobres y necesitados puede llegar a ser un peligro para la seguridad de los propietarios de los mismos, que a su vez son dueños de la mayor parte de los productos automatizados en el campo.
El show de los estudiantes universitarios que están completamente ideologizados, cegados por el fanatismo y tranquilizados por el relativismo del “péva, péicha guârántema”.
La manipulación política de los mandamases de turno, que a fuerza de mentiras o falsificación desean mantener el zoquete, el poder o las preferencias del gobierno, a costa de la gente más necesitada, cuya fuerza los ha puesto en la posición en el que ahora se encuentran, hoy olvidados totalmente por los gobernantes que han proclamado en tiempos electorales que “acabaría la pobreza” en menos de cinco años. Vaya utopía, ¿no?
Y una última pregunta. ¿Cuál fue la última obra de infraestructura que ha inaugurado el gobierno? Hasta el momento el cambio no lo vemos por ningún sitio, bueno… en las cuentas bancarias de algunos políticos tal vez, pero para los que realmente se multiplican en los cinturones de pobreza de Asunción y las grandes urbes, aún seguimos esperando que las promesas se hagan realidad.
Necesitamos un estate quieto y cambiar de rumbo, urgente.

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ