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¿Acuerdos?



La democracia ha traído al país nuevas expectativas en el aspecto social. Nunca antes ha sido tan apreciada la sociedad y lo social. Para algunos ha sido motivo de apertura a un trabajo más serio para paliar las necesidades de las personas, para otros, sin embargo, ha sido el génesis de una nueva vida.
La dictadura extrema en la que el Paraguay ha estado sumido por más de treinta y cinco años, y antes, la seguidilla de guerras civiles, nos ha demostrado que los habitantes de esta tierra sin mal son conformistas y que necesitan siempre de un líder que los dirija en sus actos. La tranquilidad y la pasividad de la gente se arraigó hasta el punto de crear la famosa frase del “péva ko péicha guärantema” [frase conformista atribuida a las cosas que ya no tienen solución ni vistas de cambio] para justificar la inacción de las personas o de los gobernantes de turno, la corrupción y la alevosa caradurez de la sinvergüencía.
Y desde el nacimiento de la democracia, ya vamos por cerca de 25 años de famosa “transición”, se ha luchado por la igualdad de clases sociales, los niños en situación de calle, los derechos humanos, los nativos indígenas, la igualdad de género, violencia, corrupción y muchos etc. más, situación que ha creado la famosa casta de las ONG´s [organización no gubernamental] que se han encargado de gestionar recursos económicos del extranjero para la lucha contra estos cánceres sociales, violación de derechos, privaciones, etc. con resultados poco alentadores para los afectados pero muy eficaces para los bolsillos de los responsables de estas entidades y sus secuaces.
Nos hemos enterado también, que el gobierno destina un cierto monto del presupuesto nacional a la mantención de estas organizaciones, que últimamente han estado reproduciéndose como hongos en nuestra sociedad. ¿Alguien los controla? Tanto en el aspecto financiero como en el campo de “trabajo” tienen mucha libertad.
Nos hemos percatado que no existe un plan conjunto para terminar definitivamente con la “pobreza” o sea cual fuere el campo de “acción” de estas organizaciones. Ya como decíamos anteriormente, con 25 años aproximadamente de vida institucional, unos más, otros menos, no han podido paliar siquiera una sola de las necesidades. Y para comprobar la veracidad de mis expresiones, solamente basta mirar –en el gran Asunción- alrededor para ver que la mayor parte de los reclamos suman y siguen tan latentes como al principio y con un descuido hasta siguen en aumento.
Quizá el problema sea de fondo y no de forma. Tomemos como ejemplo los niños en situación de calle. Y no quiero entrar en detalles sobre los derechos que les son avasallados, porque ese blablá es de todos los días, que no tienen tiempo para jugar, estudiar, alimentarse, vivienda etc. etc. sino que están allí porque el plan de acción, de trabajo, no tiene una mirada más inmediatista que la de responder a los requerimientos de los medios de comunicación. Funcionan a causa y efecto. Los niños siguen estando allí, en las calles, porque esa es la consigna. No se trata de arrearlos y guardarlos en algún sitio para que al rato vuelvan a salir con la excusa de que “ellos luego quieren vivir así” La cuestión va más allá. Estos niños necesitan herramientas que sus familias y el estado han estado fallando en ofrecerles. Necesitan estudiar para que puedan dedicarse a otra cosa que no sea el ofrecer caramelos con tarjetas alusivas a la “necesidad de su familia” en cambio, los organismos que se encargan de estos niños se empeñan en sacarlos de la vía pública hacinándolos en un hogar de menores. Evidentemente esta estrategia, que ya lleva sus bodas de plata, no es la mejor, pero ¿nadie “se da cuenta”?
Lo mismo sucede con los indígenas apostados en las plazas de la ciudad de Asunción, frente al INDI [Instituto Nacional del Indígena] o en las aceras de las instituciones que se embanderan con ellos que siquiera les dan una silla para sentarse cómodamente. Es el colmo de la colmena ver cuanta necesidad, cuanta inacción por parte del gobierno y de las organizaciones encargadas de estas personas, que mantienen el problema al margen de una solución verdadera y definitiva. Se juega con estas personas.
Y suma y siguen aumentando los ejemplos. Allí se tiene el cinturón de pobreza de la ciudad, tierra que mana leche y miel para las ONG´s. También el área de educación, salud reproductiva, ambiente, todo parece ser un buen lugar para “trabajar” pero no encontrar una solución definitiva a todos estos problemas que aquejan cancerígenamente al país y sus habitantes. Y es en este lugar donde vemos como un acuerdo tácito en mantener las cosas como están, remendando aquí, tapando el sol con un dedo allá, extendiendo la vida útil de los problemas al máximo para poder seguir en pie, si no… no tendrían razón de existir, ¿me equivoco?.
Las dificultades no solo son para mirarlas, tomarles fotografías y justificar de ese modo los importes gentilmente donados por empresas, organizaciones y hasta gobiernos extranjeros. Los planes de acción deben mirar un poco más allá de las soluciones inmediatistas y proporcionar, realmente, una solución certera y sustentable, respuestas que piensen más allá de la coyuntura actual y pueda ofrecer soluciones a largo plazo. ¿Cuesta tanto? Tal vez si, tal vez no, el tema es que, la solución es directamente proporcional al tiempo de vida “útil” que deseemos dar al presupuesto general de la nación o a la organización a la que pertenecemos.
La democracia nos ha traído la buena nueva, el nacimiento a una nueva vida. También se ha encargado del nacimiento de una “de-generación” de acciones y trabajos sociales de nunca acabar. La explicación a estas y tantas otras “problemáticas” tal vez sería la “falta de voluntad política” o simplemente, se trataría de un plan de acción “sustentable”.

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ