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Escuchar



Y sí, me sorprendió. Hace tanto que no hablaba con personas mayores. Unos días atrás, empecé a charlar con el dueño de la casa y me percaté del ruido inmenso en el que estoy sumergido. Demasiada paz en la charla -que más bien parecía un monólogo por tanto respeto- que terminé preocupado. 
En el facebook me había quejado, no hace mucho, de la manera en que mis vecinos se gritaban para intercambiar "ideas" por así decirlo. Como las personas andan tan distanciados últimamente, necesitan gritarse para poder escucharse, de tan lejos que están unas de otras... no físicamente, pero si emocionalmente. 
La persona me miraba fijamente a los ojos, con un silencio sepulcral. Se notaba interesado en "la palabra" y su contenido. Prestaba más que atención. Me sentí invadido, intimidado tal vez. Pero me llevó a la reflexión de que vivo en un ruido tal que no termino apreciando la paz que el silencio puede ofrecer. Muy ajetreado con mi rutina, la impronta necesidad de terminar los trabajos a tiempo, la premisa de terminar "a tiempo" todo hace que me olvide de tener un poquito de paciencia para escuchar.
No escucho, no oigo lo que la otra persona tiene para decir. No presto suficiente atención a las palabras; palabras que últimamente han carecido de valor y responsabilidad. No sé lo que la otra persona piensa, todo se sumerge en la relatividad y el inmediatismo. Nada se analiza, todo se consume.
Y pensé, ¿será posible que me he olvidado de escuchar?. Los novios, están tan cerca que no necesitan más que un susurro al oído para expresarse y, por sobre todo, entenderse y comunicarse. Es la práctica que está pasada de moda. El acercarse y escuchar. 
De un tiempo a esta parte se ha dado poco valor a la palabra o se ha resaltado su parte oscura. El habla soez es una constante hasta en los medios de comunicación, donde la ordinariez y la falta de respeto toman lugar preponderante. Los periodistas no dejan escuchar respuestas ante una pregunta. Gritan, se quejan, se plaguean. ¿Y las respuestas? Bien gracias.
En el ámbito familiar, el momento para dialogar se ve obnubilada por la TV, que no permite un momento siquiera de dialogo y el "PSSSSSSTTT" generalizado cuando alguien intenta preguntar algo a la familia que se encuentra reunida almorzando e interrumpe el noticiero o el programa de turno.
En las instituciones educativas, el que cuestiona mucho y se pregunta es marginado y hasta sancionado con castigos ejemplares, para que la "practica" no se extienda por el resto de la institución.
En los entes públicos y autoridades, aún es más remarcada la falta de oído para con la ciudadanía que soporta todo tipo de vejámenes a sus derechos, corrupción y muchos otros etcéteras más, y... ¿quién los escucha?
En el trabajo, en la vía pública, en los buses... mucho ruido en la ciudad nos recuerda que debemos dejar -por lo menos- un minuto de nuestro tiempo para dedicar a la paz y la agradable sensación de escuchar a la otra persona, que siempre tiene algo que decir. 

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ