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Expo



Se acercaba el mes de julio, cada vez más cerca de ¡las vacaciones de invierno! Nunca se compadece la palabra invierno con las temperaturas que se tienen en ese tiempo. Son quince días con muchísimas tareas "para la casa" era nuestra responsabilidad máxima. En mi caso, podíamos terminarla lo antes posible y disfrutar del resto del tiempo para realizar actividades de recreación.
Era divertido porque lo más esperado en mi época de colegio (allá por el 93) era el permiso que teníamos para venir a la expo, es más, la directora de mi colegio se hacía cómplice del alumnado para que todos podamos participar de "la mayor muestra comercial e industrial del país". 
Y no era para menos. Teníamos el acceso libre como estudiantes y quedábamos boquiabiertos con todo lo que veíamos. ¿El país era capaz de producir todo eso? Teníamos permitido llevar nuestra "matula" para hacer los mínimos gastos posibles... pero, ¿quién se acordaba de comer? La cosa pasaba por recorrer la mayor cantidad de stands para colectar -valga la redundancia- la mayor cantidad de regalos empresariales. Queríamos tener dos brazos más y otro par de piernas para recorrer todo y tomar la mayor cantidad de regalos que pasaba desde una simple "calcomanía" un llavero con abridor (cuando se ha visto eso) un bolígrafo con el logo de la marca que mas apreciábamos, una carpeta de una famosa marca de bebidas cola cuyo contenido era interminable... bloc de nota, bolígrafo, calcomanías, carpetas con gomas de auto cerrado... 
Había compañeros que no salían de los locales bailables de las bebidas cervezas... por la música -y la bebida entregada de regalo, claro- con sus consecuencias que no hace remarcar, pobres baños que fueron testigos de los constantes llamados a hugo (ñe henói ypa ka´ape he´i che sy). 
Una experiencia sin igual. Era la fiesta del marketing y la publicidad. Una feria como ninguna...
Hoy, paradójicamente, los visitantes deben pagar -si podían te cobraban- hasta el aire que respiran en ese sitio. Se ha tergiversado totalmente la esencia de los inicios de la famosa "expo" se ha llegado a un nil de mercantilismo tal que se dejó de invertir en regalos empresariales, que en el fondo, era el incentivo para ir a la expo. 
Los atractivos stands ya no son tan atractivos. Se ha "digitalizado" la gran mayoría de los recorridos y el aceso es poco accesible para muchos. 
Sabemos que es un emprendimiento meramente industrial y comercial, que la idea esencial de la expo es justamente vender y hacer -muchos- negocios y que nosotros formamos parte de la "colita" de las grandes inversiones y esfuerzos que realizan las empresas para conseguir alianzas estratégicas de compra-venta, pero se olvidan que, en el orden de valores, aunque estemos muy en la base de la pirámide, somos los que realmente movemos el mercado. Somos los consumistas que de una u otra manera vamos a "pagar" el producto que los empresarios ofrecen y que, por ende, necesitamos igual o mejor atención. 
Hacemos un llamado al regreso a las raíces, a los inicios de la expo. Quizá sea un poco difícil, más aun en estos tiempos de importancia digital y olvido real de las personas. Queremos ser mimados con regalitos y cualquier tipo de presente de nuestras marcas predilectas. No basta con respondernos al toque en facebook o en twitter, no solo es importante que publiquen mi foto de instagram, no importa si nos regalan toda la atención en las oficinas de atención al cliente. 
Los consumidores de un producto o una marca nos identificamos con ellas y queremos -por más que solo sea- un presente, que no nos cueste más... más allá de las promociones y descuentos. 
Queremos más. ¿podrían concedérnoslo? 

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ