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Prepotencia



Durante el ajetreo diario, uno va ensimismado, pensando en sus problemas, en sus tareas, en sus responsabilidades, en su rutina. Camino al trabajo, vemos por las calles muchas cosas, algunas –por tan repetitivas que son- las asumimos como correctas, otras nos causan cierta indignación, tanto que merecen nuestra queja y otras que, osamos “atrevidamente” hacer uso de ellas. 
Las franjas “cebras” no escapan a esta actitud, donde lo más importante son los vehículos, NO las personas. En los semáforos, el amarillo significa acelerar… no detener el paso y menos aun, atención. Hemos creado nuevas “alertas” para el conductor y el transeúnte, que escuchar bocinazos a lo largo de la ruta y rugir de motores significa “cháke no voy a parar, atendéque vos” y así… en las rutas hay precauciones que las personas deben tomar en su cotidiano andar.
Las chapas oficiales en los vehículos también forman parte de una nueva casta de personajes que “atropellan todo a su andar”. No existe alcotest, ni multas, tampoco amonestaciones y menos aun arrestos para la gente que goza del “privilegio” que otorga el gobierno al portador de tal vehículo.
Para los periodistas, el cartel de “prensa” en los parabrisas del móvil, también significa cierto poder que permite el ingreso a cualquier sitio, a toda costa, en honor a la libertad de prensa.
El uniforme militar y policial también es uno de los ejemplos que no pueden quedar atrás. La autoridad puede hacer lo que le cante, a la hora que se le antoja y como se le ocurra. Una fauna bastante particular, porque aquí el poder no es económico, sino de facto. Aunque en estas últimas décadas han perdido fuerza, aún siguen gozando de buena salud en ciertas zonas del país, en particular en el interior y en las rutas.

Los empleados públicos son otro tipo de engendro que pululan las instituciones del estado, cuya única función es cobrar el sueldo que les pertenece, aunque sean planilleros, por haber “colaborado” en algún momento en la campaña política del gobernador o presidente de turno y que no tiene otra responsabilidad más que succionar calcetines del mandamás de turno y así ganarse un “recutú” de su jugoso zoquete. La idoneidad no es una de las cualidades que ha presentado el “funcionario” para la obtención del cargo y cumplir sus funciones podría resultar un cáncer a la hora de justificar su sueldo. Justificar esta situación resulta fácil, muy fácil; le echan la culpa al famoso “persecución política” Claro, entre trabajar y excusarse… pues lo último, ¿no?
Los políticos, gobernadores, presidentes, intendentes y demás mandamás de cada comunidad tienen su historia particular, por lo que ahondar en ellas sería una pérdida de tiempo, a no ser que tengamos el tiempo y espacio suficiente para tenerlos en cuenta.
Cada una de estas –y muchas otras-  situaciones más, denotan la prepotencia del paraguayo en su andar, donde no solamente se vale de su cargo, de su puesto o de su encargue sino que también se prevalece de la amistad con el presidente, hace que el país ande “por su cabeza como carretilla”. Por eso, al país le cuesta avanzar, seguir erguida y con la mirada al frente, porque nadie trabaja pero todos cobran. ¿Es hora de la nueva cultura? 

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ