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Pssst, silencio!



La vida no cuesta nada. Si cuesta algo, díganme ¿cuánto?. Resulta que como si nada, vemos a diestra y siniestra asesinatos, muertes accidentales y ejecuciones, tanto que hasta parece normal. 
Haciendo algo de cuentas, tendremos grandes diferencias. Estas diferencias se dan aquí como en cualquier parte del mundo, no es exclusividad nuestra. Cuando una persona con poder económico y las amenazas de seguridad son inminentes, las fuerzas del orden actúan rápidamente; pero, cuando se trata una persona del común del pueblo, nadie se inmuta.
Lo mismo sucede con el tema de los secuestros. Tantas historias urbanas conocemos pero no trascienden la agenda de los medios puesto que no vale la pena. Gente común que son secuestrados por equivocación y maltratados sin justicia. Pero cuando se trata de un magnate, pues todo el aparato se mueve, hasta dicen -en un corto de avance de un canal de televisión- que tal o cual secuestro pudo haber desestabilizado el país.
Cuando se trata de ladrones de guante blanco o elefantes blancos, hasta las cárceles son diferentes. Los servicios -ni qué tan básicos- a las que acceden son diferenciados. 
¿A qué se debe todo este preámbulo? Pues bien, quiero hacer especial hincapié en el silencio cómplice de las organizaciones de Derechos Humanos -gubernamentales y no gubernamentales- ante las masacres humanas de los últimos tiempos, acontecidos en nuestro país. Si bien, la condición de delincuente no menosprecia la condición humana, todos tenemos el derecho de vivir. 
¿Por qué resulta tan fácil acribillar a un delincuente? 
La Policía Nacional y los Militares en ejercicio que van tras los integrantes del EPP (Ejercito del Pueblo Paraguayo) no tienen reparos en "liquidar" a cualquiera que se le cruce en frente con cualquier indicio que haga suponer que se forma parte de dicho grupo guerrillero. 
Se supone que debieran de atraparlos -a los integrantes del EPP- con vida, para poder obtener mayores y certeras informaciones, datos sobre sus actividades e integrantes del equipo. Hasta el momento se ha estado trabajando en base a suposiciones. Notas aparecidas en cada requisa -yo dudo mucho de la autenticidad de los indicios encontrados- vídeos como puestos a los pies de los investigadores, fabricas completas de uniformes, logos y bordados identificatorios que me huelen a podrido. A esto se le suma la inoperancia de la Policía Nacional de no atraparlos vivos y no darse a conocer la "otra campana", porque así -supongo- no sale a la luz la verdad, ¿cuál verdad?.
Ahora a lo que realmente me interesa.
Cuando se trata de defender a las Víctimas de la Dictadura, del Ycua Bolaños, y hasta niños maltratados, una que otra organización de Derechos Humanos los acompaña. Pero cuando se trata del gobierno acribillando a personas -algunas hasta inocentes- nadie dice nada, nadie se pronuncia, nadie siquiera emite un comunicado. ¿Resulta tan fácil matar la vida frente a la atenta mirada de los que tienen a su cargo velar el cumplimiento de tratados internacionales y leyes locales de Derechos Humanos?
Mis derechos terminan donde empiezan los tuyos y al revés. Pero ¿quién vela los derechos de los mas pobres? Bien sabido es que donde manda Don Dinero, no manda... otro. La igualdad ante la justicia -con minúsculas- se relativizan ante un fajo de verdes y se arrodillan ante el poder. Aquí entonces hay gata -o verdad- encerrada. 
Es un cómplice silencio de todos los sectores involucrados. Se rasgan las vestiduras cuando se habla de aborto, cuando se habla de salud reproductiva o de homosexualidad; ítemes que me resultan irrelevantes ante lo que es salvar la vida o velar por ella. Es tan fácil promulgar una ley de Objeción de Conciencia saltando cuanto tratados internacionales y la constitución misma, sin reparos, a favor de la milicia que solo busca "matar" la vida o facilitar violencia. Lo que no resulta fácil es ponerse del lado de la justicia, clara y limpia. No resulta fácil hacer lo correcto cuando toda la sociedad está corrompida. No resulta fácil asumir la responsabilidad de "proteger" la vida -ya sea de delincuentes o no- frente al resto del mundo.
Nada es fácil, todo tiene su costo. 
¿Asumimos la responsabilidad de nuestros actos? El silencio también es complicidad. El país necesita de dirigentes que realmente cumplan con su acometido en favor de los que los eligieron. La sociedad civil también debe realizar su trabajo de contralor. Si ninguno de ellos funciona, ¿qué pasará? Voces calladas, por eso mientras tanto...
Pssst, silencio!

Sobre Juan Edgardo Lezcano

Facilitador de Talleres de Comunicación y TIC´s. Fundador de LEZCORP y Director de Editorial de Medios, Publicidad y Eventos. En twitter @edLEZ